Hace algunas semanas vino a mi mente la historia añeja que me contó mi mamá de sus épocas rojimias durante la época de los años 70, cuando la cultura era algo que era lo suficientemente bueno para poder influir sobre las decisiones cotidianas de muchos de jóvenes contemporáneos con ella, que buscaban rebelarse contra el sistema operante pre-imperialista anti-yankee-que-mete-sus-narices-donde-no-le-importa.
Obviamente, que esta moda era también un modo de alienación, ya que las corrientes soviéticas pro-marxistas trovskianas venÃan de afuera y el régimen del “Cuco”Velazco tenÃa aprisionados todas las ideas, que ese momento eran liberales, y no generaban un desarrollo social pensante de la población en general.
En otras palabras, para ponerlo en cristiano, los alumnos universitarios en esos tiempos SI se preocupaban por su sociedad. Ahora están más interesados en la fiestita del sábado en el Hueco o en el Elo’s, con su perreo y otras cojudeces más.
En fin, volviendo a la historia.
Mi vieja, abiertamente liberal de pensamiento, conjuntamente con mi viejo, asistÃan asiduamente a las reuniones “pro-proletariadistas”, en donde, tras leer los libros de Mao Tse Tung y el iluminado – en esos tiempos- Karl Marx, aunados con su lacayo Trovsky, en donde ensalzaban la lucha de los trabajadores en pro de una remuneración más justa, en un fallido intento por el cual los laboristas tendrÃan un poder igualitario al que poseÃa el “magnate”, al que se le caricaturizaba con un traje a rayas verde, barbón, fumando un puro cubano, con sombrero de copa y encendiéndolo con un billete de cien dólares.
Obviamente, Rockeffeller debió haber comprado sus derechos de autor a su caricatura, en algún momento.
Las reuniones clandestinas eran realizadas en un lugar apartado, donde sólo los que estaban inscritos en el partido podÃan asistir. Una contraseña les daba el acceso puro a las reuniones donde se daba rienda suelta a sus deseos – en el fondo buenos- de convertir esta podrida sociedad en algún lugar más justo, que permita el desarrollo total de las personas.
Mi mamá asistÃa a esas reuniones de manera asidua y sus opiniones sobre la revolución social pacÃfica no tenÃa mucho asidero en medio de estas personas de formación anarquista por necesidad. Ellos preferÃan más la revolución armada, tratando de emular a Vladimir Lenin y creyendo que el “Cuco” era alguna especie de un Romanov peruano.
Personalmente, a mi me hubiera gustado conocer a su Anastasia, que, según cuentan algunos profesores de carácter rojimio, estaba de muy buen puntaje.
La estructura dirigencial de estos partidos pre-subersivos era, en realidad, envidiable. Eran hechas por medio de “cÃrculos”, a los cuales sólo se accedÃa por medio de una invitación. Es decir, ellos seleccionaban a quiénes integrarÃan el “primer cÃrculo”, que era una especie de “cachimbado socialista”, a los cuales podrÃan acceder los dirigentes estudiantiles de carácter rojo de las universidades más importantes de Lima; entre los cuales se encontraban mis progenitores.
Las habilidades interpersonales de mi querida madre, bachiller en psicologÃa y luego licenciada en educación – no se escandalicen todavÃa -, llevaron a que ella sea rápidamente aceptada por los “camaradas” y vaya ascendiendo rápidamente del, al que yo domino, “cÃrculo cachimbal” y fue ascendida al segundo cÃrculo. Ahà aprendió un poco más de la doctrina socialista y fue ya objeto de la atención de la SINAMOS, al intervenir sus teléfonos, tantos de mi padre como de ella.
Mi padre, creo yo, que no sabÃa de estos eventos. Si es que lo sabÃa a totalidad, seguro ahora yo estarÃa en Ayacucho flameando una bandera roja, pero por suerte hubo una intervención “salvadora”.
La carrera de mi madre en esta organización estaba en franco ascenso. Sus intervenciones pro-revolucionaras pacÃficas tuvieron mayor acogida y rápidamente se convirtió en una lideresa nata de un sector de los “camarones”. Por eso, la alta dirigencia, creo yo que el “cuarto cÃrculo”, ergo el máximo, le puso el ojo como una de sus posibles “altas camaradas  a pesar de su petiza estatura.
Fue una de las primeras que recibió la invitación para ascender al “cÃrculo de lavado de cerebro”, el tercero, en el cual se le adoctrinarÃa aún más en los pensamientos de la revolución armada. Ergo, por seguridad propia, al más puro estilo “búfalo aprista”, tenÃa que adquirir un sobrenombre, para proteger su propia identidad, la de su familia, y, por supuesto, la de su futuro esposo, mi padre.
Aquà hubo este evento que, para bien mÃo, generó un cambio de 180 grados en la historia de la nación.
Este es el salvador de la vida de mis hermanos y la mÃa… y posible culpable de la revolución armada.
Mi madre llegaba todos los dÃas en la noche a su casa, después de su labores esclavistas en la ya inexistente cadena de supermercados “TÃa”, donde la trataron tan mal que de seguro ahà fue donde nacieron sus ideas socialistas.
Su padre, mi abuelo, un hombre de frente amplia que llegaba hasta la nuca, con cuatro pelos que adornaban su brillante cuero cabelludo, de voz gruesa y con una mano cuyos dedos parecÃan plátanos, en medio de la escalera que llevaba a su cuarto, se chocó con ella, haciéndole caer su mochila, ergo abriéndose y dejando a la luz aquellos “libros prohibidos†dentro de su casa.
Sus ojos se abrieron como platos al ver la cara de ese chino Mao, la frondosa baba de Marx, la amplÃsima frente de Lenin y sobre todo ese color “rojoâ€, unido a la hoz y el martillo de color “oro†que, en ese momento, se confundÃan con el fuego que salió de su boca para emitir ese salvador: “¡CARAJO!â€, que, unido con un soberano sopapo “Urbina-nÃsticoâ€, borró de la mente de mi subversiva madre aquellas ideas y la regresó al camino de este capitalismo pre-imperial que hoy ella y yo odiamos.
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September 18, 2006
jajajajjajajajajjajaja, se nota el poder de un buen CARAJO bien peruano. pd. Anastacia no estaba tan buena, solo era realeza.. http://www.liliith.blogger.com.br/Anastacia.jpg
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