Intenté deslizar mi cetáceo cuerpo dentro de su endeble armario, pero la inmensa cantidad de ropa que tenÃa adentro me tiraba hacia fuera. Los pasos se acercaban cada vez más y más. Ya podÃa sentir la marca de las suelas de la caterpillar de su viejo en mi mejilla…
- Entonces, métete debajo de la cama – me dijo.
Abrà mis ojos de forma tan grande, intentando emular a un gato a punto de ser mordido por un perro. No querÃa entrar ahÃ. Le tengo pánico a las cucas.
- Oye. No hay cucarachas. Ni que fuera cochina – aclaró.
¡Haberlo dicho antes, cojuda! ¡Hace rato que me hubiera metido!
Intenté razonar por un breve instante.
- ¿Y si le decimos la verdad? – musité, intentando esbozar una sonrisa en mi cara.
Ella me miró con cara de que estuviera yo hablando tonterÃas de nuevo. Muy linda e irónica, se echó en la cama y me dijo:
- Sabes que me muevo mucho en la cama de noche… y que soy muy majadera.
Hizo una pausa breve.
- No te conviene.
Obvio. Me conocÃa muy bien. Sabe que no le entraba a juegos de celosÃa y esas cosas. Prefiero quedar estéril antes que ella me la corte, como Lorena Bobbit, en un ataque de celos sólo por mirarle el inocente trasero de una muchacha cualquiera, de buen ver, de manera furtiva.
“¡Caray!†pensé. “¡Ni de a vainas!â€
Tuve que enfrentar mis miedos. Aunque ya sabÃa que no habÃan cucarachas en su cuarto, igual tenÃa miedo. Estos bichitos pululan en las oscuridades, en los rincones más recónditos de los cuartos de las personas. Salen de noche a darse un paseo por los labios de las personas de sueño pesado y luego se van a dar un festÃn a los tachos de los baños. Y pensar que uno de esos asquerosos animales podrÃa estar ahà sin saberlo… y su cuarto estaba tan cerca al jardÃn, de donde pueden entrar de manera más fácil…
¡AG!
Apenas sentà que la mano de su viejo tocó la perilla de la puerta, todo se volvió borroso. Adquirà de manera mágica el poder de Jenny, de “Mi Bella Genioâ€, y con un parpadeo ya estaba debajo de su cama, viendo la grandiosidad de aquellas botas, con una suela de 5 cms de duro jebe, dispuestas a patear el trasero de todo aquel que intente tomar la flor de la niña de sus ojos.
Pero bueno… esa flor ya habÃa sido tomada hace mucho. Ese “jardÃn†ya estaba casi tan transitado como el Parque Universitario.
Igual. Yo fui uno de los primeros en enterarme. Pero, como siempre, el cachudo es el último. En este caso, su padre pensaba que ella era pura, virgen (JAH!) e inmaculada. Que en las profundidades de su ser aún no habÃa corrido ninguna célula de cabeza ovalada y cola larguÃsima, en búsqueda de una metamorfosis antropomórfica. En otras palabras, que nadie se la habÃa follado a lo Tarzán.
SentÃa cómo ella temblaba. El olor a media, abajo donde yo estaba, era insoportable. Encontré un calzón, por suerte, limpio. También un par de calzas de colegio que supongo que tenÃan unos cuantos meses ahÃ. Supongo que eran azules… pero cómo olÃan… ¡POF!
Su voz gravÃsima invadió el cuarto y me llenó de terror cuando saludó a su hijita.
- ¿Qué has estado haciendo? – inquirió, como si supiera que algo andaba mal…
- Nada, papi – respondió ella, con voz endeble.
Dio unos cuantos pasos alrededor de la cama, poniéndose en el rango de mi visión. Yo no me podÃa mover ni un milÃmetro. Casi ni podÃa respirar… por el miedo y por la peste.
- Aquà hay algo muy extraño. – dijo de manera sospechosa – ¿Por qué estás con tu pijama tan temprano?
¡Soba negra! Si hubiéramos estado jugando “matagenteâ€, ella estuviera ahorita con pellejo y hueso. Pero, inteligentemente hizo un “kechi†al responderle:
- Es que no tenÃa nada que ponerme, papi. Además, ya no voy a salir. Entonces, ¿por qué voy a ensuciar algo? Asà nos ahorramos detergente y agua…
¡Zas! Se habÃa agarrado como un pitbull de la gran debilidad del viejo ese: el dinero. El era más duro que Oscar Ibáñez al momento de pagar una parrillada. Cuando le hablaban de plata, se ponÃa también más lisuriento que Dennys Falvi, quien curiosamente fue uno de sus grandes amigos.
Al parecer, todo iba bien. El padre se sentó en la cama, aplastando con su pesado trasero el colchón y este contra mi espalda, causándome problemas para respirar. No podÃa moverme, porque me delatarÃa y de ahÃ… estoy muy seguro que no estarÃa escribiendo estas lÃneas.
Estuvieron un gran rato conversando. Hablaban de la vida, de lo que el esperaba de ella cuando saliera del colegio e ingresara a la universidad… de sexo … que no querÃa que ningún hombre la tocara antes del matrimonio…
Si supiera el pobre hombre de cuántos fuimos, entonces muchos serÃamos gays para no afectarle…
De repente ocurrió algo inesperado. Se le cayó el lapicero al piso.
- No te preocupes, hijita. Yo lo recojo.
¡Por dios! ¡No lo hagas, maldita sea! ¡Si todo iba tan bien! ¡Prometo que me voy a casar con ella si la saco embarazada! ¡No importa! ¡Pero no me la cortes! ¡Me caso! ¡La puta madre…!
Esas y más frases inintengibles pasaron por mi mente mientras sentÃa cómo su enorme trasero se levantaba, aliviando la presión de mi espalda y dejándome aspirar un poco de aire viciado de olor de media cochina. Casi toso, pero por suerte, me aguanté. Comencé a temblar y a convulsionar un poco… por la tos.
Vi todo en cámara lenta. Sus pies rotaron y una pesada rodilla cayó al piso. Por el filo de la parrilla, al voltear mi cabeza, pude ver un pedazo de su gigantesca panza rebozar un poco el borde y hacerse visible para mis ojos. Su pesada mano se apoyó en el piso para poder equilibrar las toneladas de peso y no volcarse como un volquete.
Vi sus patillas. Vi su fuerte mandÃbula masticar furiosamente chicle de nicotina. Sus enormes cachetes, aunados con su larga nariz, lo hacÃan verse como un tapir al momento de buscar a su presa y asesinarla. Y yo era esa enclenque presa.
Cerré los ojos fuertemente, esperando el grito de furia, su enorme mano aprisionando mi cuello, sintiendo las futuras patadas y viéndome yo en un futuro casado con esta chica… a los 16 años.
“Quizá compraré un terno morado, para que combine con los moretonesâ€, pensé. “¿Se podrá usar lentes oscuros en la iglesia?†“¿Podré pintarme en las suelas de mis zapatos: “Help Meâ€?â€
- ¡Ajá! ¡Con que aquà estabas! – vociferó su padre.
“¡Santo Niño de Atocha, ayúdame!â€, grité en mi mente.
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September 29, 2006
jajajajaja… no la cortes ahi!!!!.. espero al proxima entrega.
October 7, 2006
What’s up man!!! que manera de dejar a tus lectores con las mentes aturdidas, por el relato de pesuñas y golpes. Sigue man que yo recien leo tu blog y esta interesantisimo. Suerte.
Visitame……..
Saooooooooooooo
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