
Pensé que era de hierro. Todas las lesiones anteriores habÃan ocurrido dentro de un campo de fútbol. Incluso estando mal de la rodilla seguà jugando como arquero junto con mis compañeros, aunque al parecer seguÃa el modelo de Andy Johnson, de los SuperCampeones: jugaba 10 minutos y de ahà ¡a las duchas!
Mis piernas llevan mis 94 kilos a cuestas. El año pasado fueron 120. ¡Si pues, era un chancho! ¿De dónde creen que salió Petunio?
Ojo al piojo: no estoy anoréxico. Sólo bajo de peso cuando trabajo en medios.
En fin.
Hace casi un mes, de la manera más idiótica, mi récord de imbatibilidad sanitaria llegó a su fin.
Saliendo de mi clase de TecnologÃas de la Información, con la “china” Laurita León - la fan #1 de la brecha digital y Telefónica - y mi difunta Jefa de Práctica (un hecho lamentable, en verdad), me fui a buscar a mi señorita enamorada a su laboratorio de fotografÃa.
Iba yo caminando, cual puerco que soy, fumándome un cigarro y pensando en mis “cadaunadas”. Feliz por haber recibido mi enésimo 20 en este curso que debà haber convalidado, trotaba alegremente de regreso al “Tontódromo” PUCP. El sol alumbraba mi camino, jodiéndome la vista de las voluptuosas féminas que pasaron a mi lado.
Obviamente, uno no es de piedra. ¡TenÃa que dar un vistazo aunque sea! Aunque esté con lentes, eso no obstaculiza el deseo carnal que nace instintÃvamente en los hombres cuando pasa alguna mujer de escultural y apreciable belleza fÃsica.
Pero Dios, Alá, Buddah o Maradona (como quieras llamarle a tu divinidad particular), no quiso que yo sea una persona sana y feliz. Es más, estoy en su lista negra.
Al momento de voltear a ver a estos preciados bombones, [pon el nombre de tu divinidad aquÃ] se enojó de manera superlativa. “¡No es posible! ¡Tienes enamorada! ¡Debes respetarla en cuerpo y alma! ¡No debes ser infiel ni en el pensamiento!”
¡La puta! ¡Perdón!
Una piedrita. Una formación volcánica o cementera de forma irregular. Una simple piedrita se interpuso en mi camino y le puso cabe a mi zapato talla 45.
Producto de la fricción y la inercia, de mi pie derecho salió un vector X con dirección hacia el norte, con un ángulo de 35° hacia arriba, paralela a la recta del “Tontódromo”, desestabilizando el cóxis y ejerciendo una palanca hacia la pierna izquierda. La fuerza del torque de rotación de mi voluptuoso cuerpo hacia la derecha (para poder ver a las féminas) generó a su vez dos vectores (Y, Z) que se multiplicaron con el vector X y generando que todo mi cuerpo, asà torcido, se incline hacia arriba.
Mi pierna izquierda, al verse de repente soportando 94 kilos, cedió ante la presión de la gravedad, que ejerce un vector G hacia abajo (obviamente) e incrementando la velocidad de rotación de mi pierna derecha.
Al verme en esa situación pensé: “Oh, no es posible. Oh, me va a doler mucho”. Entonces, intenté apoyarme en la banca de madera que se encuentra al frente de la Biblioteca Central. Pero, debido a que mido 1.84, no alcancé a apoyarme en el momento preciso en la banqueta, generando mi pesada caÃda hacia el piso, con mi pierna derecha golpeando la baranda de la banca y la izquierda doblada hacia afuera.
Resultado de esto: Contractura muscular de “aquellas” - citando al doctor que me atendió - del aductor y el cuadrÃceps derecho, comprometiendo los ligamentos anteriores. Para que se hagan una idea, la lesión que sufrió Juan Cominges en el partido con Brasil… lo mismo pero en la parte de atrás.
Ahora cojeo y lele muto. Pero aunque sea, me dan asiento preferencial en los micros.
“Sana sana, colita de rana. Si no sanas hoy … ¡sanarás en un mes!”





