. En ella, la periodista Maribel de la Paz lo entrevistó en un bar de Barcelona - ¿en qué otro lugar podrÃa ser? - y pudo descubrir que no existió nunca la secretaria que envió los plagios de Morote - que supuestamente le paga a Augusto Ãlvarez Rodrich para que lo difame con este tema - y que Quentin Tarantino no dirigirá la pelÃcula de ‘Un Mundo para Julius’.También declara que le gustarÃa plagiar a Stendhal y a Miguel de Cervantes… pero serÃa demasiado obvio. Por ello prefiere plagiar a periodistas y literatos de menor envergadura, ¿no?
–¿Se va usted a España para olvidar todo el asunto de los plagios?
–Bueno, lo que me interesa ahora es ver a los famosos plagiados catalanes que son mis amigos y saben que se trata de un montaje. Un montaje del señor Herbert Morote que le paga a un periodista peruano. Si se han metido conmigo me van a conocer, porque mi reputación ha estado en entredicho, aunque desde que me convertà en plagiario mis libros se han vendido más que nunca. La gente en las calles me vuelve loco, me felicitan, se solidarizan. Es una cosita provinciana.
–Pero no puede negar el rebote que ha tenido esto en el exterior.
–Bueno, en un periódico donde es un honor que te traten mal. En el Inmundo, como le llaman en España a El Mundo, aunque allá no pueden ser tan inmundos como acá porque no ha habido Fujimori que degrade a la prensa.
–Ha dicho usted que se trata de un complot fujimontesinista.
–Bueno, ya no creo que sea fujomontesinista. Sé quién lo paga. Morote, en concreto. La delincuencia periodÃstica está instalada en Lima, en el Perú. Eso es lo que hizo Fujimori, desmembrar el Estado, envilecer el periodismo y emputecer al pueblo.
–Alfredo, ¿en serio no cree que haya podido cometer un error involuntario en algún momento?
–Creà que lo habÃa cometido en el primer texto, el texto del embajador De Rivero, pero después me dije, “¿cómo es posible que yo o mi secretaria saquemos un artÃculo de una revista llamada Quehacer en Lima y lo publique en El Comercio?†Eso no lo hace ni un subnormal.
–Ya no cree entonces en lo del complot fujimontesinista.
–No dejo de creer, porque mis amigos periodistas y sociólogos insisten en que sà ha podido haber una campaña de desprestigio de ciertos intelectuales con cara al retorno de Fujimori.
(…)
–Para algunos es obvio que usted ha plagiado. Para otros, está demasiado enfermo para darse cuenta de lo que está pasando. Yo lo veo saludable.
–Pues ya ves. En los seis meses que llevo aquà he terminado una novela y estoy escribiendo otro libro de cuentos, he viajado, he releÃdo todo Anna Karenina, hago mis caminatas cada mañana durante dos horas. Siempre he tenido fama pues de loco, de bohemio, de borracho, de todas estas cosas que me han permitido esconderme muy serenamente y hacer una vida en la que ya voy por los 25 libros. He estado desaparecido en una playa del sur escribiendo mientras ocurrÃan todas estas cosas
–Pero usted ha dicho que Morote es quien está pagando para que lo ataquen.
–Bueno. Es probable, es probable.
–O sea, según su teorÃa, Morote le paga a Ãlvarez Rodrich para que lo acusen de plagio.
–Bueno, yo creo que sÃ, pero no puedo afirmarlo.
(…)Â
–¿Y qué opina sobre la débil lÃnea que hay entre ficción y realidad? Habrá quienes digan que usted parece un personaje salido de sus propios libros, a quien el mundo se le viene abajo alrededor sin que se dé cuenta.
–SÃ, bueno, creo que realmente la realidad me desborda. Me resulta profundamente aburrida y chata.
–Con el primer caso, el del embajador, usted dijo que su secretaria se habÃa equivocado…
–SÃ, sÃ, sÃ. Eso no es verdad, mi secretaria era yo. Claro, pero es que me desconcerté, porque yo no tengo ese material acá.
–Ahora cree que no se equivocó. Entonces ese texto no era parte de ninguna bibliografÃa, como usted decÃa.
–Todo eso me lo inventé porque estuve aturdido, pero cuando salen dos, tres, cuatro, yo digo “no puedo haber cometido ocho errores porque entonces estoy para una casa de ancianosâ€. Para darme un poquito de importancia dije que fue mi secretaria. Mira, ahora estoy en los tÃtulos de otro libro que se llama “Historietas y Cualquiercosariosâ€: “CesÃtar o la historieta de un tamañito†y también “Augusto o la historieta de un estreñimientoâ€. Cualquiercosarios son los que son cualquier cosa menos algo, y entre ellos tengo a Alonso AlegrÃa, que no es nada al lado del padre. Y ahà también estoy plagiando a Gregorio Marañón.
–¿Le parece vil el periodismo peruano?
–No, no es el periodismo, es la mezcla de lector-periodista. Pero soy optimista con el Perú. Tuve un primer retorno frustrado y me fui enfermo de tristeza. Llegué en un mal momento, justo el final de Fujimori. Desarrollé una paranoia a todo. Muchas cosas me agredÃan, la fealdad de muchos sitios. Fue una espiral de locura y terminé en un hospital en Barcelona. HuÃa, huÃa, la paranoia estaba dentro de mÃ, la llevaba por donde iba, el Perú me perseguÃa por todos lados. Rodrich ya se insinuaba detrás de una puerta, ja, ja. Pasé una temporada en un hospital psiquiátrico atado en un calabozo o algo asÃ. Y pastillas e inyecciones y calmantes y quitarte la copa por completo.
–Con un sÃndrome de abstinencia espantoso, me imagino.
–Brutal. Brutal. Sin embargo, la recuperación fue impresionante. Fue en una psicoclÃnica en las afueras de Barcelona. Un manicomio. Un sitio entretenidÃsimo.
¿No habra sido que en ese sÃndrome de abstinencia haya pasado todo esto? Sinceramente, no creo. De manera más honesta, ya no le creo nada, caray. Si hasta han descubierto plagios en la primera mitad de la década pasada. No te pases pues. Â