Un día como cualquiera, Manrique sale corriendo de su casa porque se quedó dormido tras ver los reportajes periodísticos que pasan a las 11 de la noche en Prensa Libre o en La Ventana Indiscreta. Como tiene clases a las 8 de la mañana todos los días y siempre llega tarde, tiene que tomar taxi. En el camino, casi siempre se da esta conversación:

- Joven, sale usted muy apurado. Debe levantarse más temprano.
- Si, maestro. Pero por sanidad laboral debo ver los noticieros y a RMP y LVI.
- Ah, ¿usted es periodista?
- Aún no. Soy estudiante.
- Ahhhh … osea usted va a ser como Magaly …
- Conchesu…

Si hay algo que no me vacila de este mundo periodístico es lo siguiente: que esté liderado por gente que no s de la especialidad y que mucha gente meta a todos los periodistas en el mismo saco. Pero el taxista no tiene la culpa: la profesión está demasiado desprestigiada porque cualquiera que puede escribir se puede meter sin saber cuáles son los elementos comunicativos con los que juega el periodismo y cuál es en sí su rol social entendible.

Entre estos, uno de los casos más notorios de manipulación de la noticia es el caso de La Ventana Indiscreta, dirigido por la literata Cecilia Valenzuela. Si bien a ese estilo nos tiene acostumbrados, lo último si ha sido - de por sí - demasiado rochoso

Ya lo han comentado durante la semana pasada después del lamentable reportaje mal editado y tendencioso hecho por César Hildebrandt Chávez, desmentido por su antiguo compañero Marco Sifuentes vía un reportaje en Útero.TV, la publicación de la carta del enamorado de Melissa Patiño y además la pepa de El Morsa con respecto a Carmen Azparrent, quien también fuera puesta en medio del “eje del mal sudamericano” en el reportaje de Hildebrandt Chávez.

Sobre este tema, bastaría sólo recordar esto: El Dodecálogo del periodista. Los énfasis son míos.

El periodista debe:

I. Decir lo que acontece, no lo que quisiera que aconteciese o lo que imagina que aconteció.

II. Decir la verdad anteponiéndola a cualquier otra consideración y recordando siempre que la mentira no es noticia y, aunque por tal fuere tomada, no es rentable.

III. Ser tan objetivo como un espejo plano; la manipulación y aun la mera visión especular y deliberadamente monstruosa de la imagen o la idea expresada con la palabra cabe no más que a la literatura y jamás al periodismo. (Advierto que uso el primer adjetivo en la acepción, para mí todavía viva, que la Academia se apresuró -y pienso que también se precipitó- a considerar anticuada).

IV. Callar antes que deformar; el periodismo no es ni el carnaval, ni la cámara de los horrores, ni el museo de figuras de cera.

V. Ser independiente en su criterio y no entrar en el juego político inmediato.

VI. Aspirar al entendimiento intelectual y no al presentimiento visceral de los sucesos y las situaciones.

VII. Funcionar acorde con su empresa -quiere decirse con la línea editorial- ya que un diario ha de ser una unidad de conducta y de expresión y no una suma de parcialidades; en el supuesto de que la coincidencia de criterios fuera insalvable, ha de buscar trabajo en otro lugar ya que ni la traición (a sí mismo, fingiendo, o a la empresa, mintiendo), ni la conspiración, ni la sublevación, ni el golpe de estado son armas admisibles. En cualquier caso, recuérdese que para exponer toda la baraja de posibles puntos de vista ya están las columnas y los artículos firmados. Y no quisiera seguir adelante -dicho sea al margen de los mandamientos- sin expresar mi dolor por el creciente olvido en el que, salvo excepciones de todos conocidas y por todos celebradas, están cayendo los artículos literarios y de pensamiento no político en el periodismo actual, español y no español.

VIII. Resistir toda suerte de presiones: morales, sociales, religiosas, políticas, familiares, económicas, sindicales, etc., incluidas las de la propia empresa. (Este mandamiento debe relacionarse y complementarse con el anterior.)

IX. Recordar en todo momento que el periodista no es el eje de nada sino el eco de todo.

X. Huir de la voz propia y escribir siempre con la máxima sencillez y corrección posibles y un total respeto a la lengua. Si es ridículo escuchar a un poeta en trance, ¡qué podríamos decir de un periodista inventándose el léxico y sembrando la página de voces entrecomilladas o en cursiva!

XI. Conservar el más firme y honesto orgullo profesional a todo trance y, manteniendo siempre los debidos respetos, no inclinarse ante nadie.

XII. No ensayar la delación, ni dar pábulo a la murmuración ni ejercitar jamás la adulación: al delator se le paga con desprecio y con la calderilla del fondo de reptiles; al murmurador se le acaba cayendo la lengua, y al adulador se le premia con una cicatera y despectiva palmadita en la espalda.

Claro, como bien dice el título, esto funciona para aquellos que SON periodistas … de profesión y no de oficio, como el 90% de la cúpula periodística actual.

Digo, digo …

Más en los blogs sobre el caso:

Laslo: Melissa Patiño y el MRTA según edición de la Ventana Indiscreta
El Morsa: Carmen Azparrent en la Ventana Indiscreta
Desde el Tercer Piso: LA VENTANA INCOMPLETA
Útero de Marita: Más Melissa
Menos Canas: Represión asolapada
Diario de IQT: Cecilia Valenzuela y su fustán alanista
La Palabra Ingenua: Libertad a los 7. A los 7

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