
Finalizado el mes de abril entraremos en lo que posiblemente sea la fase 2 del gobierno aprista: la represión ideológica en contra de sus propias bases históricas: la izquierda. El partido del pueblo aliado con la feudalburguesía.
Eso, en idioma no rojimio quiere decir que el gobierno ha dejado de lado su verdadero rol social para asumir su propio rol partidario y - sabiendo que nunca más volverán a pisar la Casa de Pizarro - están haciendo sus desmanes en contra de la población que los eligió por temor.
Eso está palpable: ante la gran metida de pata de Aprodeh - que me obligó a decir que Aldo Mariátegui was right - enviando una carta en la que se pedía que el MRTA no sean considerados terroristas, logrando que la Unión Europea les quite el mote y causando toda la revolución en contra de las ONG de derechos humanos, al punto de quererlas borrar del mapa político.
Sin embargo, algo me pareció muy curioso y que vale la pena resaltar. En dicho debate se estaba distinguiendo dos cosas muy distintas. Los abogados entendidos saben que existen dos estados de función para los grupos de este tipo: los terroristas y los beligerantes, que se distiguen por su accionar combativo en contra de la población o del Estado, respectivamente. Y si bien el MRTA realizó actos en contra de la población - siendo el más recordado el asalto a la Embajada del Japón en 1996 - y que la CVR documentó su accionar, Aprodeh se defiende diciendo que el MRTA ya no hace nada desde hace tiempo y que está inactivo, por lo que pide que se le quite el mote de terruco.
Todo esto ha causado un grave problema, bien documentado en el Blog del Morsa. Además, en el blog Ya tengo el poder se aventuran a decir que se está creando una megacoalición conservadora que incluye a los fujimoristas, apristas, los pepecistas y los sectores de la ultraderecha rancia, polarizándose totalmente el campo político peruano al punto de que podamos decir que hemos llegado a 1960…
Señores … el Perú acaba de llegar a la Guerra Fría.
La megacoalición reaccionaria es la gran franja en la élite peruana que se ha privilegiado a lo grande con el neoliberalismo y no tiene ninguna voluntad redistributiva a la fecha. Más aun, sus integrantes darán batalla contra cualquier iniciativa distributiva que trascienda el nivel discursivo, o pase el límite de solo echarle la culpa al Estado. En ese punto, desaparecen las diferencias entre fujimoristas, apristas, pepecistas, castañedistas, accionpopulistas, que se pelean por ocupar los cargos que administren el gran negocio y administrar el presupuesto público, y en el marco de esa pelea se ven las denuncias, acusaciones, pujas, etc. Pero la pelea no es, nuevamente distributiva.
La diferencia con los ochenta y antes, además del modelo económico, está en que en la oficialidad ya no existe la izquierda ni las posiciones progresistas. Fuera de la megacoalición están los caviares y los subversivos.
Entre los caviares están las ONG, los universitarios y en general cualquiera con preocupaciones humanistas, sociales, artísticas y que se sienta asqueado por el festín desigual. Pero no nos engañemos. Los caviares somos (además de desorganizados) buenos para la crítica y malos para la gestión. Los caviares no merecen gobernar el país, como parecen creer algunos entusiastas, ahora del otro bando. Por algo están donde están electoralmente, los votantes no son tontos.
Esto ha generado que ahora haya una persecución contra las ONG de Derechos Humanos para terminar la gran dictadura de la moralina que causa los hechos que venimos viviendo. En un país polarizado donde si no eres caviar eres o subversivo o derecha o aprista - en una especie de Fatal 4 Way Elimination Match - no podemos seguir adelante ni lelvar la fiesta en paz si es que seguimos señalando con el maldito dedo índice al otro diciendo: “Mal, mal, muy mal, te pareces a Poggi”.
Y lo curioso … el APRA no se acuerda que de su escinsión APRA Rebelde sale el MIR y de éstos nace el MRTA. Osea, son como sus nietos. Con razón Armando Villanueva, el histórico, le hace el prólogo al libro de Víctor Polay.
Nieto malo, malo maluco, me amenazas mis cumbres. Por eso ahora, si no tienes DNI en tu bolsillo cuando salgas a comprar tu pan, ¡a la reja!
Esto es una real guerra fría …
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