[Video] Loquillo - Cadillac Solitario
Dicen que la historia de un hombre se puede narrar a través de las mujeres que amó.
Esta es la historia de un Cadillac Solitario.
Se que son pocos los que me leen religiosamente cada tres semanas y a estos cuatro gatos que van más allá de mi familia les debo una explicación: ¿Por qué no he estado escribiendo desde hace varios días?
Es muy simple: tengo un nuevo hogar. Un nuevo hogar que se caracteriza por sus grandes y amarillos parques con gente de tez blanca y ojos claros, donde el bosque se lleva de buenas con la arquitectura de la ciudad.
¡Ah, claro! Ya no hay novia que joda con que tenga que arreglar la gotera del baño y esas cosas.
No venía escribiendo ni manteniéndolos al tanto de las estupideces que uno encuentra en Internet porque, gracias a AIESEC, estoy viviendo una experiencia que cambiará mi pobre vida: un intercambio cultural/laboral en la lejana y remota ciudad de Bialystok, Polonia.
¿Que dónde queda eso? Muy fácil. Caminas hasta Berlín, bajas dos cuadras hacia Cracovia - cerca de donde nació el Papa Juan Pablo II -, doblas a la izquierda hasta Varsovia y tomas el tren hacia el norte, cerca del punto de la frontera que divide Polonia de Bielorrusia y Lituania.
¿Que no la paras? Busca en Wikipedia…
Ahora que ya saben dónde diantres estoy viviendo, les comentaré primero cómo fue el periplo que me trajo a estas tierras.
El jueves 23 de octubre hubiera sido una fecha feliz por razones obviamente obvias que todos mis amigos conocen. Así como ese día antes marcaba un nuevo inicio, volvió a vestirse de ese sentimiento, porque luego de realizar engorrosos papeleos con la Embajada de Polonia en Lima y conseguir el pasaje más caro que puedan imaginar - pero gracias a Intej lo conseguí a mitad de precio, pero igual superó los dos palos - y un vuelo de KLM me alejó de mi Perú Campeón por los próximos ocho meses.
Claro, me conocen: siempre en esos momentos me pongo un payaso, pero por dentro estaba muy triste de dejar a mi familia y perderme cosas muy importantes, como son los cumpleaños, la navidad y la graduación de mi hermano menor del colegio.
Todas esas cosas pensaba mientras cruzaba el bridge. Las turbulencias, mozas que parecían Ninoshka, comida para gato y los ronquidos de doscientos holandeses fueron al música de fondo de estos pensamientos.
Ya cuando pude avistar Inglaterra por la ventana, sabía que estábamos cerca - ¡gracias, Google Earth y Carmen Sandiego! -. Como hacía varias centurias que no sentía un avión aterrizar, ni mucho menos cómo se sentía en lluvia, me preparé en el asiento, le recé a todo el pool de dioses - por si las moscas - y pisé por primera vez suelo europeo en Amsterdam.
No quiero ni recordar lo que pasó ahí en esa ciudad de olor a cigarro feliz, de los tulipanes y del puerto que nos recuerda Jacques Brel. Lo que sí les puedo decir que tener una hora para hacer un trasbordo es la peor penuria que un recién bajado de un rico cerro limeño puede pasar. Un aeropuerto inmenso, con cientos de puertas y policías que te indican por dónde pasar para hacerte la revisión catódica. Jojoy, jojoy.
Por suerte y gracia del pool de dioses, llegué a tiempo para abordar el vuelo que me llevaría a Varsovia. Jetlag maldito me hizo dormir y perderme el camino de la Europa continental, con sus verdes llanuras y sus ratas de Hamelin.
Este otro avión si era como los que recordaba: carcocha, ruidoso y que pareciera que se iba a destrozar cuando aterrizaba. Por suerte no lo hizo y llegué a Polonia.
Puse un pie en suelo polaco. Luego el otro y casi me saco el ancho. Tratando de acostumbar mi oído al idioma de los Sims, seguí los consejos de mi abuelo: camina hacia donde todos están yendo. Y así pude recoger las pesadas maletas. ¿Que llegaron bien? Un desastre.
Estaba un poco asustado, porque las indicaciones para los que llegaban estaban escritas en un inglés cavernícola, por lo que me fui a lo seguro: tenía que declarar lo que tenía y así lo hice. Y me fui hacia donde estaban los policías de inmigraciones. Digo, mejor ir por ahí y pasar una revisión más que hacerse el tercio y entrar al país… con algo ilegal.
Los policías me miraron. Yo los miré. Nos miramos. No hablaban inglés.
En medio de señas pregunté si es que tenía que declarar algo y me señalaron la maleta: otra revisión más. Abrieron y rebuscaron por todo lado y pasé por todos los detectores. Como soy gordito, me quisieron hacer de nuevo la revisión catódica, pero por suerte, todo pasó bien. Ah, y sin la revisión favorita de los proctólogos.
Antes de llegar, había hablado con Joanna Sienkiewicz, mi nueva jefa. Me había dicho que su esposo, Gregor, no me iba a poder recoger, pero que enviaría a un amigo para que me ayudara a tomar el tren. Su nombre era algo como Rafael: un muchacho joven de cara amigable que me hizo dar los primeros pasos en Polonia.
Y esos pasos fueron helados. ¡Joder, que hacía frío, caray!
En el tren miraba pasar las luces de los signos en la noche. ¿Y dónde tenía que bajar? Pues en Bialystok … ¿Qué número de estación? Pues, beto a saber, que todo estaba en polaco y nadie hablaba inglés.
A mi lado se sentó una señora de mediana edad. Cabello rubio, ojos azules, lentes y sonrisa graciosa. Me miraba como extrañada: un mastodonte de piel tostada, con cara de perdido, con mil maletas encima y cojudeces de ese estilo. Intentó decirme algo en polaco, pero yo escuché Sim. Con la barrera del idioma interpuesto, intentó hacerme el habla y me preguntó de dónde era.
¿Perú?
Sus ojos azules se abrieron como platos. Me contó que una de sus amigas había ido a ver las líneas de Nazca y que le habían gustado. Yo le pregunté a dónde iba y me dijo que - ¡vaya suerte la mía! - bajaba en Bialystok. Así que más seguro, eché una cabeceada y al abrir mis ojos vi las luces de la estación de tren.
Habían pasado ya 22 horas de mi partida. Estaba molido. Me dolían los pies, calzado 47. La espalda hecha trizas y sin raya en el culo.
Hecho todo un ekeko, bajé del tren y delante mío vi las primeras caras realmente amigables. Era el comité de bienvenida del comité local aieseco y por fin pude conocer a Joanna y su hermana Gosia, con quienes había tenido contacto frecuente en las semanas previas a mi viaje.
Hubiera querido ser más efusivo, como los peruanos solemos hacer, pero pesó el viaje y no pude corresponder a su alegría. Además, hacía un frío que te cagas. Maciek, Kristian y Magda me ayudaron a instalarme en Beta, pero un pequeñísimo problema causó que no me quedara en el cuarto que habían separado para mi.
- Hey, pero ¿por qué no mejor te quedas en el local donde estamos realizando nuestra conferencia del comité local (LCC)? - sugirió Maciek.
- Porsupollo.
Volvimos al auto y enrumbamos a un pueblo que se pronuncia Jorzhow, pero se escribe distinto. Queda a unos 20 minutos de la ciudad. Salimos del auto al frío inclemente y encontré a todos en plena fiesta. Yo estaba que me recagaba de sueño, pero un baño caliente me dio las fuerzas de nuevo para continuar lo que quedaba de la noche, llena de vodka, chicas hermosas y … ¿mencioné que hacía frío?
Y por fin pude constatar los rostros que el Gtalk me mostraba de las muchachas que coordinaron mi llegada: Eliza Mienko, Kamila Toloczko y Natalia Siergiejuk. Y debo decir, que las fotos no les hacían justicia para nada. ¡Que me quedé acojonado, no sólo por ellas, sino por todas!
Claro, todo nuevo, como lo ven en la tele … pero no fue sólo por la belleza física, sino por la calidez con la cual fui recibido. Ya había escuchado de la hospitalidad de los polacos y lo que se dice se queda cojonudo, que es mucho mayor. Para ellos, el Perú es tan exótico como decir Kirguistán o algo, pero … joder.
Regresé a mi cuarto después de saludar a todos para tomar una merecida siesta. Aproveché para conectarme y avisar a mi hermana que ya había llegado bien; sin culo, pero bien.
Me levanté y salí de mi cuarto como un cuy de tómbola: mirando a los costados. Estaba algo asustado, porque no me la creía no. Sin embargo, me encontré con caras más amigables, como las de Maciek Dawidowicz, Anna, Damian Terenbum, Asia, Anna, Monika, Basia, Pawel y tantos otros…
Y como buenos polacos… ¡a beber vodka!
Así pasé mi primer fin de semana en Polonia: en medio de trago, siestas, frío y un clima de hermandad que pocas veces se vive. Tal como el PCOV, pero con más nenas. Tal como en casa, pero más numerosa y con comida rara.
Igual, el frío es para cagarse.
Esta es la historia de un nerd enamorado que hackeó el juego favorito de su prometida y le propuso matrimonio. Lo primero que dijo fue “You’re such a nerd!!”, para luego darle la respuesta más esperada en su vida.
Esta parte me mató:
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Dicen que la historia de un hombre se puede narrar a través de las mujeres que amó.
Esta es la historia de un Cadillac Solitario.
Se que son pocos los que me leen religiosamente cada tres semanas y a estos cuatro gatos que van más allá de mi familia les debo una explicación: ¿Por qué no he estado escribiendo desde hace varios días?
Es muy simple: tengo un nuevo hogar. Un nuevo hogar que se caracteriza por sus grandes y amarillos parques [...]
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¿Qué diantres significa esa frase?
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Esta es la historia de un nerd enamorado que hackeó el juego favorito de su prometida y le propuso matrimonio. Lo primero que dijo fue “You’re such a nerd!!”, para luego darle la respuesta más esperada en su vida.
Esta parte me mató:
“Hace mucho tiempo, en esta montaña de Haven’s Fair, conocí a la persona más importante de mi vida. Nuestro amor floreció en algo más espléndido que el sol. Una vez intenté capturar el sol y entregárselo a mi amada, pero escapó de mi mano antes de poder entregárselo. Aunque el sol no fue suyo, la felicidad que causó el presente fue tan fuerte que nuestros espíritus de unieron y permanecieron aquí, entre el césped de la montaña para siempre. Ojalá evoque en ti estas palabras algo de tu pasado. Mi tiempo es limitado y debo hacer algo antes que me desvanezca. Amo a mi doncella más que a nada en este mundo y soy su caballero. Estoy seguro que ella me reconocerá en esta armadura. ¿Te casarías conmigo?”
Ojala hubiera tenido la misma suerte …
Dicen que la historia de un hombre se puede narrar a través de las mujeres que amó.
Esta es la historia de un Cadillac Solitario.
¡Hola!
Yo soy Christian Manrique. Soy estudiante de periodismo de la PUCP y actualmente participo de un intercambio cultural en Bialystok, Polonia. Este es mi blog personal, que es un escape al estresante mundo periodístico en el cual estoy inmerso. Si quieres saber un poco más sobre mi, haz click aquí.